Acercar las TI a las pymes: todo un desafío

La incorporación de las TI en las pymes españolas es todavía lenta. Las empresas que retrasen su uso en su operativa interna y en sus relaciones de negocio pondrán en peligro no sólo su competitividad sino su super vivencia.

Por: Enrique Dans, profesor del Instituto de Empresa. Contenidos cedidos por la revista Vision People, editada por Navision España.

Resumen

El desconocimiento del potencial de las nuevas tecnologías lleva a las pymes a no dar prioridad a la inversión en TI. con los que estas compañías enfocan sus pretensiones tecnológicas, conformando un verdadero círculo vicioso. Pero más allá de estas dificultades, la experiencia viene a demostrar que el problema de la pyme española no es tanto económico como de mentalidad.

En general, cuando se ha ofrecido a estas empresas la oportunidad de nuevas inversiones vía desgravación o subvenciones, la mayoría no ha optado por la inversión tecnológica planificada y eficiente.

Por ello, es preciso tomar conciencia de la situación real: no se trata tanto de no tener, sino de no saber. La caída de las punto com y la explosión de la llamada burbuja de Internet han dado paso a un tecnoescepticismo implacable, a una actitud conservadora de confianza en el negocio de toda la vida.

La responsabilidad de ese tipo de actitudes no debe situarse únicamente en las propias empresas, sino también en el sector tecnológico, que no siempre ha sabido persuadir a sus clientes potenciales de los beneficios estratégicos tangibles de sus productos.

El futuro, todo un reto Pero, mientras algunas pymes ven con recelo la tecnología o rehuyen de sus posibilidades, Competitividad, valor añadido y reducción de costes son las ventajas de la implementación de TI en las pymes.

La relación entre tecnología y pymes ha sido, durante años, distante. Tradicionalmente, las pequeñas y medianas empresas se han considerado un mundo refractario a la penetración de las TI, donde salvo excepciones, la norma era el uso sistemas de información primarios, aislados entre sí, con ordenadores anticuados y software, en su mayor parte, pirata.

Pero, ¿es esto cierto? Si se analizan dos ejemplos interesantes, como pueden ser el Efecto 2000 y la adaptación al euro, un porcentaje inferior al 23 por ciento de las pymes habían prestado algún tipo de atención a estas dos cuestiones hacia finales de 1999.

Entonces se pensaba que la falta de preparación para el Efecto 2000 podría hacer que las fábricas se detuviesen, los ascensores no funcionasen o los sistemas de seguridad saltasen por los aires. Del euro, se sabía que era la gran oportunidad para dar el salto fuera de nuestra fronteras y potenciar el comercio exterior en estas empresas, que hasta el momento habían estado limitadas a micro mercados domésticos.

Sin embargo, ninguno de estos dos acontecimientos consiguieron atraer el interés de la mayoría de las pymes españolas. ¿A qué se debía esta actitud? ¿Desconocimiento? ¿Falta de recursos? ¿Todo a la vez? TI, cuestión de actitud La posición de la pyme española, salvo honrosas excepciones, sigue siendo la de rezagados en el campo de las TI.

El factor clave en la ecuación tecnológica es la falta de recursos: mientras las grandes empresas cuentan con desahogados presupuestos que les permiten mantenerse actualizados, las pequeñas permanecen en un estado de notable desamparo.

Pocos integradores dedican sus esfuerzos a este mercado, en parte debido, precisamente, a la parquedad de los presupuestos las actividades económicas han ido cambiando significativamente. En un sector tan conservador como la construcción, muchas de las compras se desarrollan ahora a través de plataformas electrónicas, y las empresas que las utilizan están empezando a ser capaces de trasladar a sus clientes parte de los ahorros obtenidos.

El alquiler de maquinaria ocurre también mediante gestores electrónicos de oferta y demanda, y rara es la promoción que no cuenta con su propia página en Internet, en la que los clientes potenciales pueden ver desde representaciones en 3D del futuro aspecto del vecindario, hasta los detalles de la memoria de calidades, precio, condiciones de financiación (con link a la web del banco o caja correspondiente) o incluso una cámara web que muestra el desarrollo de las obras en tiempo real.

En el sector fabricación, por ejemplo, la sensibilidad cada vez mayor de los fabricantes hacia las necesidades de sus clientes, reflejada en el uso creciente de plataformas CRM permite recoger las interacciones, características y peticiones de cada uno de ellos. Dichas plataformas empiezan a proporcionar ventajas competitivas a los pioneros en el tema, cuyos clientes se encuentran ahora atendidos de una manera diferente a la que conocían.

En los sectores de distribución y retail, la entrada de tecnologías emergentes como los identificadores de radiofrecuencia (RFID) prometen una revolución importantísima de la que muchos, sin duda, quedarán fuera. El gigante americano Wal-Mart ha exigido a sus 150 mayores proveedores que etiqueten mediante RFID en origen para enero de 2005. En Europa, las cadenas Tesco y Metro realizan experimentos con el tema, de manera que en breve será normal ir al supermercado, pasar la compra directamente de la estantería a la bolsa, y salir por la puerta del establecimiento sin necesidad de detenerse en caja.

En el sector de servicios profesionales, el aumento de la intensidad informativa debido a la recogida y procesamiento de información de los clientes promete alterar significativamente la manera en la que se desarrollan muchos de los negocios que conocemos.

Así, en todos los sectores de la actividad económica se detectan cambios cada vez más dramáticos, que a los no iniciados les pueden parecer puramente anecdóticos o no representativos, pero que alteran la forma de trabajar y competir de manera radical.

En este sentido, lo importante no son las tecnologías en sí, sino su integración en la empresa. Lo interesante no es que tal o cual compañía implante RFID, por citar un ejemplo, sino la capacidad de disponer de ese sistema nervioso digital que permite no sólo operar la tecnología sino, además, recoger todo ese vasto caudal de información, procesarlo, y devolverlo a los clientes en forma de iniciativas que les satisfagan, fidelicen o les hagan menos sensibles a las ofertas de sus competidores.

La tecnología es un arma estratégica de negocio, y la actitud abierta hacia ella y el interés por lo que de ésta se pueda derivar, una gran oportunidad. El mito de la pyme como empresa más flexible es falso.

En realidad, una pyme individual no es flexible, por lo general, es una empresa con escasez de recursos, dependencia excesiva de pocos clientes con alto poder de negociación, y limitada capacidad para influenciar los precios.

Esta pretendida flexibilidad no se obtiene a nivel individual, sino de estamento: las pymes como sector de la actividad económica se consideran muy flexibles porque muchas nacen y mueren en poco tiempo, dotando al estamento de una capacidad de adaptación y colonización de nuevas oportunidades.

En este escenario, la implantación de las tecnologías que cada vez afectan más a nuestra forma de vivir y trabajar resulta perentoria, necesaria, una pura cuestión de subsistencia.

Y los que sobrevivan no serán necesariamente aquellos con más recursos para invertir, sino los que tengan una actitud más abierta a la hora de pensar en las mejoras que puedan venir con las nuevas tecnologías. Vivimos en un entorno de cambio acelerado, donde el más grande ya no se come al más chico, sino el más rápido al más lento.

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