Análisis de actualidadInternet no es una cuestión de feMientras las aplicaciones tecnológicas rozan la progresión geométrica, el ciudadano medio sigue a su ritmo, haciendo balance de lo que paga y lo que le dan por Internet, y sigue sin creerse (no tiene por qué hacerlo) lo que damos como verdades absolutas. Por: Alejandro Asúnsolo del Barco, Responsable Editorial de Microsoft Centro para Empresas y Profesionales . En un reciente estudio del Ministerio de Ciencia y Tecnología, se analiza la demanda de servicios de telecomunicaciones y sociedad de la información que se ofertan al segmento residencial en España. Apoyándonos en él, pues lo consideramos bastante significativo al sumar en su realización tanto los datos procedentes de encuestas como los que facilitan los operadores de las facturas emitidas, intentaremos sacar algunas conclusiones. El mencionado estudio toma como elementos fundamentales para analizar el nivel de incidencia y penetración de los recursos tecnológicos en los hogares españoles cuatro elementos: teléfono fijo, teléfono móvil, televisión por cable y conexión a Internet. Bien, surgen ya un par de consideraciones: La televisión (que sí aparece como elemento en el estudio de otros varemos como el gasto por hogar o el grado de penetración) hace tiempo que no se considera como elemento tecnológico. Desde aquí no creemos que este dato sea baladí, ni mucho menos, por las conclusiones que abajo aclararemos. En segundo lugar, tomando los cuatro pilares mencionados, obtenemos un primer dato: el 60 por ciento de los hogares españoles están en lo que consideran el equipamiento medio, o inferiores, eso es, poseen teléfono fijo y teléfono móvil, pero no Internet. Dicho de otro modo, siete de cada diez españoles no tienen Internet en sus hogares. Puede que no sea un dato sorprendente, que seamos conscientes de que aun estamos lejos de lo que un país considerado a nivel económico entre los primeros de Europa debería alcanzar en el usuario final (entendiendo el dato del buen nivel desde el cumplimiento de las previsiones de la Unión, y cuyo desarrollo es innegable en muchos otros sectores). Pero aun aceptando la no sorpresa ante el dato, puede que sí estemos lejos de asumir, siempre según el mencionado estudio, que el grado de penetración de los ordenadores en nuestro país es del 43%, ya sea de sobremesa o portátil. Por tanto, son falsas imágenes las que construimos cuando parece que aceptamos expresiones como "hoy en día todo el mundo tiene un ordenador en casa": menos de la mitad, señores. ¿Se aclara con ello el dato sobre la poca penetración de Internet en los hogares? No del todo, pues de esos hogares que tienen ordenador (unos de seis millones) solo tienen conexión a Internet la mitad de ellos. Es decir, parece que el panorama empeora a cada dato. Haya calma, pensémoslo como "un mundo por descubrir" y sigamos en el empeño, que ya es demasiado tarde para recapacitar. Entonces ¿Por qué aun tan poco Internet en casa? Busquemos otras razones que aclaren el bajo grado de penetración mencionado arriba. A priori podemos pensar en el gasto que supone una conexión a Internet desde casa. Para ello consideraremos tres datos más: La mayoría de los usuarios de Internet lo es de forma asidua, llegando al 90 por ciento los usuarios de Internet que se han conectado durante la última semana en la que se les realizó la encuesta. Ante la pregunta de qué le dan a cambio en cada uno de los servicios, el 38 % de los usuarios de Internet piensa que recibe poco o muy poco por lo que paga. Atención: El 26,6 % de los usuarios de Internet no dispone de cuenta de correo, otro 20% solo la tiene en el trabajo. No hay que profundizar en exceso, parece claro que en España estamos aun lejos del uso de Internet con las posibilidades que éste ofrece y en las que, obviamente, no vamos a entrar en este artículo. Ahora bien, la pregunta del millón ¿falta de conocimiento o falta de interés? Enfrentándonos a sendas preguntas, podríamos optar por la contestación solvente y resolutoria de que se trata de una mezcla de ambas: el español "medio" y perdonen la expresión, no conoce las posibilidades que Internet le ofrece, pues los que sí lo hacen, como veíamos arriba, son asiduos, se enganchan, y poco a poco asimilan la Red como un elemento más de su acerbo cultural; por otro lado tampoco encuentra lo que desea, ya que casi cuatro de cada diez considera que paga mucho para lo que le ofrece. Pero no se trata de ser solvente ni resolutorio. Seré más atrevido. No se trata de una cuestión de gasto. Porque, si bien es casi un mandamiento cultural de nuestro país el hecho de que "casi todo" nos parezca caro (piensen sinceramente: ¿podríamos poner un servicio de venta automática de periódicos similar al de los Estados Unidos, donde se introduce la moneda y se abre un cajetín para que nos llevemos "solo" el que hemos pagado?, ¿Funcionaría en nuestro país el sistema de alquiler de bicicletas, como en otros países europeos, donde se dejan voluntariamente al final de la carretera, sin necesidad de entregar papel ninguno ni fianza?), si bien, decíamos, aquí todo parece caro, nadie duda en gastarse 30 euros de media en su móvil, o más de cien en un terminal, o seiscientos en un televisor de pantalla panorámica, que se venden como churros. Insisto, los que sigan pensando que es solo una cuestión de dinero, ¿cómo responden al hecho de que ante la misma pregunta de la satisfacción de lo que recibo, en casos como en el teléfono fijo la gente ha dicho en un ¡60 %! Que lo que le dan por lo que paga es poco o muy poco? Insisto, casi el doble de los que se quejaban de Internet ¿Y por ello no se tiene teléfono fijo? No, el 90% de los hogares españoles disponen de éste. Empezando la casa por el tejado Parece que poco a poco hay que atreverse a incidir en la segunda opción planteada arriba. Si bien aceptamos el desconocimiento, no parece menos cierto que la gente aun no considera el valor de Internet como un activo en su conjunto de elementos tecnológicos. Cuando parece que casi todo el mundo (75 %) posee un teléfono móvil, y poco a poco tendemos a que éste sea aceptado como lo es el fijo; cuando es anatema el que no tiene un televisor en casa (que ya ni se considera un elemento tecnológico), aun uno de cada dos individuos que va a la tienda a comprar un ordenador no piensa ni instala Internet, limitando sus posibilidades (un elevado porcentaje de las mejoras e implementaciones de software busca las aplicaciones en red, ya sea local o extranet) Y aun poseyendo una conexión a Internet, aun uno de cada cuatro no cree en la necesidad de tener una cuenta de correo, y de los tres restantes, otro solo la tiene en el trabajo. No es solo cuestión de dinero, no, es algo más. Pero ¿es que acaso es necesario tener una cuenta de correo? ¿Es necesario Internet? Con la Red hemos empezado un poco por el tejado. Internet se ha ido instalando en nuestra sociedad acompañado de una serie de verdades como que es imprescindible, que si no tienes cuenta de corre no eres nadie, que si tu negocio no dispone de página Web no existe, dando por hecho que los usuarios finales, en este caso los españoles, aceptarían las mismas como cuestión de fe, y nos hemos lanzado al desarrollo de aplicaciones, tecnología, software, y mil historias más. Hemos ido demasiado rápido y estamos cercanos a un punto en el que el desarrollo tecnológico va tan adelantado con respecto a la asunción por parte del usuario/cliente/empresario que se nos ha olvidado la catequesis inicial. Si me permiten la comparación (ya que me he metido en los mundos de la fe) le estamos explicando al niño la Santísima Trinidad, cuando lo que quiere son los regalos de la primera comunión. |