La invasión Wi-Fi: La revolución inalámbrica

En 1999 se ratificó el estándar de comunicaciones 802.11b, el espaldarazo definitivo a la tecnología inalámbrica en un mundo que pide cada día más movilidad.

Texto: Javier Palazón
Imagen: Nicolás Casavecchia


La invasión Wi-Fi: La revolución inalámbrica

El avance de las comunicaciones inalámbricas basadas en el protocolo inalámbrico IEEE.802.11b, más conocido como Wi-Fi (Wireless High Fidelity, Alta Fidelidad Inalámbrica) es imparable. Los hot spots (puntos de conexión) públicos se multiplican a velocidad de vértigo por todo el mundo. En Europa ya se contabilizan 40.000 ubicados en aeropuertos, hoteles, bibliotecas, restaurantes o cafés y se espera que en 2005 superen los 90.000 puntos. En Estados Unidos ya forman parten del paisaje cotidiano de lugares públicos y empresas. En Manhattan, Nueva York, por ejemplo, un elevado número de bares, restaurantes y cafés facilitan la conexión gratuita a Internet a través de Wi-Fi por el precio de una consumición. En España, la sala VIP del madrileño aeropuerto de Barajas posee un punto de conexión que permite a los viajeros de primera clase conectarse Internet desde su portátil. Pero, ¿qué tiene Wi-Fi para crecer como la espuma? Muy fácil: la sencillez de utilización. Un usuario con un portátil o un PDA dotado de una tarjeta de red Wi-Fi, que en la actualidad cuesta alrededor de 180 euros, llega a un lugar con un punto de conexión Wi-Fi e, inmediatamente, se conecta a Internet a una velocidad de 11 Mbps, muy superior a los 2 Mbps que, por ejemplo, ofrece ADSL. Además, si se encuentra en un restaurante, puede salir a la terraza o cambiarse de mesa sin ningún problema ya que su radio de acción es de 100 metros en espacios abiertos y 45 en recintos cerrados con paredes. A todo ello se unen las prestaciones que ofrecen los nuevos portátiles, que empiezan a incorporar tarjetas de red Wi-Fi de serie, totalmente compatibles con este protocolo si poseen Microsoft Windows XP. Este sistema operativo incluye soporte nativo para redes Wi-Fi, lo que permite a un ordenador configurar correctamente los parámetros de red y seguridad cambiando las claves de encriptación en periodos de tiempo regulares. Para ello basta únicamente con acceder a la carpeta de Redes Disponibles del sistema y seleccionar la opción de conexión inalámbrica.

En Europa ya se contabilizan 40.000 puntos de conexión Wi-Fi y se espera que en 2005 sean unos 90.000

Familia numerosa
Pero la fiebre Wi-Fi no ha hecho nada más que empezar. Así, el pasado febrero Microsoft anunció en el Congreso Mundial de 3GSM una agenda fijando las fechas de lanzamiento de varios productos de mobility basados en su software. Una de las principales virtudes de este protocolo de comunicaciones inalámbrico es que posee diferentes variantes que potencian su capacidad de transporte y seguridad. El segundo en aterrizar será 802.11a, capaz de transmitir datos a 54 Mbps, cinco veces más potente que 802.11b, aunque reduce el radio de acción a 35 metros frente a los 100 de su predecesor. En diversos países, entre ellos España, los fabricantes se encuentran a la espera de su inminente aprobación para incorporarlo a sus productos. Así, firmas como Intel esperan ese momento para incorporarlo en sus chips y es muy probable que a finales de ese año comenzarán a aparecer en el mercado las primeras soluciones basadas en esta nueva norma. Pero 802.11a no será el último en llegar. Es muy probable que paulatinamente le sigan otros hermanos que actualmente se encuentran en fase de desarrollo y evaluación. Es el caso de 802.11g (todavía pendiente de ratificación, que ofrece velocidades de hasta 22 Mbps de capacidad), 802.11i (caracterizado por una elevada seguridad en la transmisión), 802.11e (especialmente diseñada para comunicaciones de voz) y, por último, 802.11h (permite una selección dinámica de frecuencias en función de las necesidades y un control de la potencia de emisión). Con toda esta lista de futuros desarrollos no es de extrañar que las expectativas del desarrollo inalámbrico sean muy positivas. Gartner estima que, a finales de 2002, la penetración de redes wireless basadas en la norma IEEE 802.11 ascenderá al 50 por ciento de las redes corporativas y que para el año 2005 el 95 por ciento de los notebooks estarán preparados para trabajar en entornos sin cables. Todo apunta por tanto a que se ha producido el despegue definitivo de las redes inalámbricas.


Enlaces de interés:
www.microsoft.com/spain/windowsmobile
www.microsoft.com/presspass/press/2002/Feb02/02-19GSM2002OverallPR


Seguridad en el aire

Las redes locales inalámbricas basadas en el protocolo 802.11 ya ofrecen a empresas y usuarios un alto grado de flexibilidad y movilidad, pero también suponen un serio reto de seguridad. El año pasado, varios expertos en seguridad descubrieron la manera de conseguir las claves utilizadas por el sistema de encriptación WEP (Wired Equivalent Privacy), empleado en las redes inalámbricas 802.11. Ante esta amenaza, tanto el IEEE como los fabricantes se pusieron manos a la obra para solucionar este agujero y han desarrollado sistemas de encriptación que minimizan la exposición a potenciales peligros. La WECA (Wireless Ethernet Compabilty Alliance) recomienda a las empresas seguir utilizando el sistema de encriptación WEP, pero sin dejar de lado otros mecanismos de seguridad como Redes Privadas Virtuales, IPSec (IP Security) o cortafuegos. Sin embargo, la solución se encuentra de momento en la nueva norma desarrollada por IEEE: 802.1X. Se trata de un mecanismo estándar para autentificar centralmente estaciones y usuarios, simplificando así el soporte de cientos o miles de puestos. Cuando se encuentre aprobada y en funcionamiento, será lo suficientemente flexible para soportar distintos algoritmos de autentificación y facilitará a los fabricantes el desarrollo de mejoras complementarias. 802.1X se basa en el protocolo de autentificación EAP (Extensible Authentication Protocol). Los mensajes EAP son encapsulados en mensajes 802.1X, por lo que se conocen como EAP over LAN. Un reciente estudio de la consultora británica Orthus, especializada en información sobre seguridad, sobre las redes inalámbricas en Europa señala que de las 1.689 redes accesibles desde las calles de Berlín, Londres y París, sólo el 31 por ciento tenía habilitado WEP para encriptar su tráfico. El 57 por ciento mantenía su red con los valores por defecto que vienen de fábrica, y el 43 por ciento cometía otros errores que hacían muy fácil la detección e interceptación del tráfico, como por ejemplo, habilitar DHCP (la posibilidad de recibir direcciones IP dinámicas en tiempo real), lo que posibilita a los hackers el robo de las direcciones, tomar prestado ancho de banda o montar ataques a terceros a través de esa red.