Cinco mitos que convierten las diferencias generacionales en una ventaja competitiva

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Por Crystal Kadakia

Estamos en 2018 y todavía no terminamos de entender a los mileniales. Los mileniales más viejos cumplen 38 años este año y todavía estamos intentando dejar atrás los estereotipos y el “problema de los mileniales”: cómo atraer, comprometer y retener a esta generación tan difícil de comprender.

Como la mayoría de ustedes, yo también escuché las historias que se cuentan de los mileniales. Allá por la década del 2010, cuando inicié mi práctica de asesoramiento, la única historia que se escuchaban sobre los mileniales eran las quejas de las generaciones más grandes: son una generación de haraganes, que quieren vivir bien sin trabajar y demandan reconocimiento constante. Pero yo nunca lo creí. Como milenial, no podía relacionar esos comentarios livianos sobre las experiencias de jóvenes que se convertían en adultos, con el beneficio de saber lo que sabes ahora que eres mayor, o de olvidarse de lo que es crecer. Sin embargo, me di cuenta rápidamente de que las generaciones anteriores, si bien aportan toda su sabiduría, no saben lo que significa crecer hoy, porque muchas cosas cambiaron.

Si bien tenemos nuestras diferencias, como todos, yo viví el surgimiento de la vida con tecnología digital. Presté atención a cómo se desarrollaban mis días, qué habilidades usaba para colaborar y cómo me acercaba a las personas antes y después de la aparición de Internet, los medios sociales y mi teléfono inteligente. El momento crítico para mi fue cuando me di cuenta de la importancia de ser un milenial. Formo parte de la última generación que recuerda un tiempo anterior a Internet; y esa es la clave para cerrar la brecha entre nosotros. Me di cuenta de que tengo una posición de privilegio para ayudar a cerrar la brecha entre dos generaciones y modelar un mundo en el que aprovechamos al máximo lo que sabemos sobre la vida antes de la tecnología digital y la acercamos al mundo en constante conexión de hoy.

Dediqué los últimos seis años de mi vida a examinar el rol que la tecnología desempeñó en nuestras vidas y compartir la información con audiencias de todo el mundo. El trabajo que hago en Invati Consulting permite a los líderes modelar de forma estratégica el futuro de la cultura del lugar de trabajo, a la vez que se cambian las opiniones sobre los mileniales. De mi best-seller, The Millennial Myth (El mito de los mileniales), les presento un breve resumen de cómo liberarnos de los cinco mayores mitos que rodean a los mileniales, para poder así impulsar la participación, la colaboración y la productividad a través de la tecnología en el trabajo.

Mito n.º 1: Transformar la pereza en productividad, nueva definición

Los mileniales son haraganes. Desde una perspectiva tradicional, esto se evidencia por el deseo de los mileniales de trabajar cuándo y dónde quieren y su lucha por comprometerse a trabajar por un período determinado, dentro de un horario determinado y en una ubicación determinada. En el mundo de antes, definir un tiempo estructurado era sinónimo de productividad en el trabajo.

Desde una perspectiva moderna, no es haraganería; es redefinir la productividad. El trabajo realizado en un entorno digital es con frecuencia estratégico, creativo, innovador y, en términos generales, altamente cognitivo. El alto rendimiento tal vez no tenga nada que ver con pasarse ocho horas frente a una computadora o en reuniones consecutivas. Los mileniales sabemos que la clase de trabajo que hacemos cambió de forma radical. La neurociencia nos dice que la carga cognitiva que llevamos cambió. Los líderes que no experimenten con la productividad en el mundo de hoy mediante la tecnología digital, quedarán rezagados. Verán un deterioro del compromiso y más agotamiento.

Mito n.º 2: De sentir que tienen derecho a disfrutar a ser emprendedores

Los mileniales sienten que tienen derecho a disfrutar porque tienen expectativas inmediatas respecto del salario, los aumentos, el trabajo interesante y el acceso al liderazgo. Desde una perspectiva tradicional, dedicar tiempo era un requisito necesario para obtener estos beneficios.

Desde una perspectiva moderna, crecer con la tecnología digital nos permitió disfrutar de muchas opciones para alcanzar el máximo potencial de forma rápida, tanto para uno mismo como para beneficio de la organización. Este enfoque imita a una mentalidad más emprendedora. Las organizaciones que aprovechan el espíritu emprendedor se preguntan cómo pueden aumentar el potencial desbordante de sus empleados en lugar de esperar a que se presente una oportunidad.

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